VIVIENDO EL SUEÑO DE SER TIGRE.

Tendrían que vivir la película que nosotros vivimos, morir cuando nosotros morimos y volver a nacer todas las veces que fue necesario.

El amor más caro tuvimos que pagar, nadie que no haya vivido nuestra historia lo podría creer, los reportajes, las palabras, las fotografías, todo se quedó corto esa noche del once de diciembre. Tontos los que intentaron describirlo y más tontos los que intentaron entenderlo, Tigres es más que un título, más que una conquista, Tigres lo es todo, es una enfermedad, una pasión, un sueño.

Nos hicimos hinchas cuando todo iba mal, naturalmente a medida que nos iba haciendo sufrir el equipo, también nos iba atando más a su lado, condenándonos a su paso, a ese dulce y tentador sufrimiento de tratar de levantar a alguien caído, por eso la gente se comprometía cada vez más, por eso amaba cada día más a Tigres, el hecho de verlo siempre mal enternecía y a la vez comprometía a toda una hinchada que iba naciendo y creciendo con esa obligación de ser alentadora, porque lo demás simplemente no servía para un equipo que estaba casi siempre mal.

En medio de todo eso nace la barra, hace 13 años, ya con demasiado aprendizaje y bastante buena herencia de parte de las viejas tribunas de preferente y general del Universitario. A muy poco de vivir un descenso en un club que no estaba acostumbrado a eso y luego de la más larga racha de clásicos sin poder ganar. Esas eran las cartas de presentación de una barra que tenía absolutamente todo en contra, menos la pasión.

Empezamos con viajes caros y lejanos, poco apoyo, notoriamente diferentes a los demás. Los tontos que saltan todo el tiempo en zona de gol norte, nos llegaron a llamar. En un principio el resto de la afición de Tigres acostumbraba regalarnos comida en los estadios visitantes, nos compraba cocas para que siguiéramos con el aliento, nadie tomaba ni fumaba, se iba a los viajes a alentar y nada más, regresábamos siempre roncos el lunes a la escuela. Era una parcialidad de la gente que nos entendía, en aquel tiempo muy poca, la mayoría no nos baja de drogadictos y locos.

Si lo decimos nosotros mismos no tiene el mismo valor, porque hay cosas que nunca van a cambiar y seguimos viviendo en un entorno en el que si no lo dice alguien “importante” las cosas no tienen valor.

Hemos vivido el sueño juntos, todo este tiempo sufriendo a la par, peleando mano a mano, arriesgando el pellejo con placer, porque nosotros somos BARRISTAS y uno desde este lado tiene muy clara la diferencia, el equipo no está para nosotros, nosotros estamos para el equipo, eso es ser barrista en México. Cientos de nosotros fueron a todos lados este año y no aparecieron haciendo ridículos en la final con tal de salir en televisión, siendo la televisión tan seductora como siempre que hace caer al hincha más fiel, los nuestros fueron hinchas clandestinos. Ninguno de los nuestros ganó el premio del mejor aficionado del año, estábamos muy ocupados haciendo banderas, pagando viajes o arreglando algún problema derivado de nuestro oficio barra brava. Ninguno junta más de 5 torneos seguidos con abono y muy probablemente ninguno tenga todas las camisetas de la serie Adidas.

Ninguno de nosotros quizá podrá disfrutar del Tigre chárter en el primer partido y saludar a los campeones de mano, tenemos que subir a la cima de la reja y algunos hasta brincarla para estar lo más cerca que vamos a estar de ellos. Pero esa reja copada a tope y el equipo dando la vuelta en la cancha, fue la imagen perfecta que cientos de nosotros nos tatuamos en el corazón y que esperábamos poder culminar algún día de nuestra vida junto al título, era una imagen que soñábamos hace 13 años.

No es ningún famoso diciéndolo, quizá porque ningún periodista se atrevió a preguntar por nosotros, se acordaron pocos y de esos pocos los del papel principal: los jugadores. Lo primero que hicieron fue ir a nuestra esquina a ofrecer la copa, es una carrera sencilla dirían muchos, no son más que 20 metros. Pero en esa escena, en esa primera reacción, vimos pasar 29 años en 2 o 3 minutos, vimos a Carlos Muñoz, Reynoso, Gaitán, Gasparini, Tuca, al diablo Núñez, Pastor Lozano, Silvera, Claudio Suarez, Tab Ramos, Almiron, Lobos y a cada Tigre muerto que lloraba desde el cielo. Todos estaban dando la vuelta, nosotros también, alguna vez lo dijeron por ahí: cuando Tigres de la vuelta será un logro de todos y no solo de once como paso en muchos otros casos. No se equivocaron en absoluto.

Lo importante de ser barrista no es lo que estás dispuesto a hacer por los demás, es lo que los demás están dispuestos a hacer por ti y lo que te fuiste ganando en el tiempo que pasaste por cada tribuna, con tus actos, con tus hechos y no con tu lengua. Hay gente de mucho valor, de mucho respeto, gente de códigos, de huevos, gente en la que se puede confiar una vida, entre nosotros hay muchas cosas que no se pueden explicar y que a veces ni nosotros mismos entendemos.

Tigres nos marcó la vida con cada paso que quisimos dar a su lado, tomando los riesgos que implicaba y enfrentando las diferencias por decidir ser barristas.

Esa lluvia de abrazos después de la vuelta, no está en la televisión, no hay fotos, ni videos. Esa lluvia de abrazos está en el corazón, en el recuerdo de nosotros mismos y nada más, como todas nuestras vivencias, clandestinos siempre, porque los barristas son los que más hacen y los que menos disfrutan, los hinchas sin rostro. Ese momento de alegría fue nuestro y de nadie más, lo merecíamos todos, esas lágrimas que por fin cayeron de felicidad definitivamente no ocupaban de periodistas.

Gracias Tigres por ese gran momento de alegría, por generar tanto en tanta gente, gracias por las derrotas y los momentos que hicieron más fuerte esta pasión, por todas las veces que caíste que nos enseñaron a levantarnos, por todos los malos momentos que hicieron aún más satisfactoria esta espera, gracias por entender por fin que los chicos lo único que quieren es alentar, cantar y no parar nunca.

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